Cuando una empresa crece y decide lanzar nuevas líneas de negocio o servicios satélite, casi siempre comete el mismo error de manual: aplicar una jerarquía de marca aburrida, rígida y piramidal.

Te plantan la marca matriz arriba del todo y luego clonan la misma identidad visual para las subsidiarias, limitándose a cambiar el color de un icono o el apellido del logotipo.

El resultado es un entramado corporativo gris, pesado y que no genera ningún tipo de emoción.

El problema de las jerarquías de marca tradicionales

El diseño inteligente huye de esa pereza corporativa.

Durante años, muchas empresas han construido sus arquitecturas de marca siguiendo una lógica casi burocrática:

  • Una marca matriz dominante.
  • Submarcas visualmente subordinadas.
  • Logotipos prácticamente idénticos.
  • Códigos de color utilizados como única diferenciación.
  • Una estructura pensada más para el organigrama que para el mercado.

El problema es que una jerarquía empresarial no tiene por qué convertirse automáticamente en una jerarquía visual.

Abita y Erige: dos marcas, un mismo ADN

Un ejemplo brillante es el trabajo realizado en Canadá para las marcas abita, estudio de arquitectura, y erige, empresa de construcción.

En lugar de someter a una marca bajo el paraguas de la otra o forzarlas a entrar en una estructura tradicional de “marca padre y marca hijo”, los diseñadores construyeron ambas identidades a partir de una misma lógica estructural.

Coherencia sin uniformidad

Las dos marcas comparten una misma geometría de diseño y una tipografía modular y simétrica.

Pero cada una mantiene:

  • Su propio nombre.
  • Su propia identidad.
  • Su propio espacio en el mercado.
  • Su propia personalidad.

La relación entre ambas se percibe inmediatamente, pero ninguna necesita vivir subordinada a la otra.

No son una marca principal y una marca secundaria. Son marcas hermanas.

Compartir ADN no significa parecer clones

Ahí está la parte realmente interesante.

Una buena arquitectura de marca no necesita repetir exactamente el mismo logotipo, la misma composición y los mismos códigos gráficos para demostrar que varias empresas pertenecen a un mismo ecosistema.

Puede compartir elementos más profundos:

  • Una lógica geométrica común.
  • Principios tipográficos compartidos.
  • Una misma filosofía visual.
  • Reglas de composición relacionadas.
  • Una actitud de marca reconocible.

Eso permite construir coherencia sin caer en la monotonía.

El branding moderno necesita sistemas, no organigramas

Si tienes un grupo de empresas o estás diversificando tus servicios, deja de intentar encajonarlo todo en los aburridos organigramas corporativos de los años noventa.

El branding moderno no busca uniformidad burocrática.

Busca coherencia flexible.

Una familia de marcas debe poder crecer

Diseña un sistema visual que comparta un ADN inteligente y estructurado, pero permite que cada marca:

  • Respire.
  • Encuentre su propio tono.
  • Se adapte a su mercado.
  • Construya reconocimiento por sí misma.
  • Demuestre su propia personalidad.

Porque construir una familia de marcas no consiste en fabricar clones corporativos.

Consiste en crear relaciones reconocibles entre identidades capaces de crecer de forma independiente.

Stefano Andreoli

CEO y Creative Director en Estudio Andreoli™. Docente en Monster Academy, HTML.it, IED Madrid y Jurado en Mediastars Festival. Pues.. un poco liado.

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